24 de noviembre de 2009

Día 10. Hakone

Ayer lo dejamos en Takayama si recordáis, ciudad acogedora de clima tropical.

Después de ver el desfile de monjes desde la cocina, voy rapidico hacia la estación a coger los trenes que me llevaran al nuevo destino de hoy, caminito de la tan esperada Tokyo.

Hakone es una pequeña ciudad cerca de Tokyo, célebre por sus montañas, onsen y terrenos volcánicos. Muchos turistas, sobre todo japoneses, se acercan a Hakone a relajarse y disfrutar de las vistas, en excursiones de un día desde Tokyo. Otro punto interesante de dicha excursión es la oprotunidad que ofrece a los japoneses a utilizar gran variedad de medios de transporte como el metro, el tren, el funicular, el teleférico, el barco...

Subir hasta el lago no es fácil. Ni barato. En primer lugar, se debe coger un pqueño tren que asciende la montañana. Es una especie de canfranero, donde si caben 200 personas entran 400. Íbamos muy muy apretados. Ya comenté cómo se me durmió el pie de apoyo, pues el otro lo tenía que mantener en alto porque no tenía sitio para apoyarlo sin pisar a nadie. Y lo que me costó sacar la cámara del bolso para hacer la foto.



Una vez llegas a la última estación, debes aguardar otra gran fila para poder coger el funicular, el cual lleva hasta la primera de las estaciones del teleférico.


Un mogollón de japos, todos muy ordenadicos, eso sí.


Llegaremos a la vez a la bifurcación? Chocaremos? Tensión, intriga, dolor de barriga...

Bueeeno, ya queda menos, ahora otra fila para coger una de las telecabinas y llegar por fin al lago.


Este telecabina tiene el Record Guiness por ser el más utilizdo.



Durante el viaje en teleférico se pasa por encima del famoso valle Owakudani, que literalmente significa "el Gran Valle Que Hierve", por las fumarolas que salen del interior de la Tierra. Se puede ver claramente la mina que hay en el valle, dedicada a la extracción de azufre.


Sobrevolando Owakudani.


Mina de azufre.


Vista del lago Ashi desde el telecabina.

En el restaurante donde comí, tenían un sistema muy ingenioso para evitar largas filas y esperas. Es una especie de "busca" que te dan cuando haces el pedido, te lo llevas a tu mesa a esperar, y cuando está tu comida lista, el busca te avisa con una melodía, y puedes ir a recogerla.




Una vez la tripica llena, voy hasta la zona de las fumarolas. En esta zona son famosos los kuro tamago (huevos negros). Son huevos cocidos en las aguas volcánicas, que por su contenido en azufre, hacen que la cáscara se vuelva negra. Se dice que comer estos huevos te aporta longevidad.


Kuro tamago. Foto prestada de Mr. google.


Aguas a 80 Cº, según ponía en los carteles.


Huele muy mal aquí arriba.


Así es como se veía el Monte Fuji el día que fui yo (sí, está ahí, mirad bien).


y así es como se debería haber visto...impresionante.

Es hora de regresar. El viaje de vuelta es igual, pero al revés (anda que me he dejado los sesos con la frase eh?). Telecabina, funicular, tren, y metro hasta la estación Shinjuku de Tokyo. Esta famosa estación de trenes es la más utilizada del mundo, (un promedio de 3 millones de personas emplean la estación diariamente), y de no ser por una japonesa muy simpática que me vió un pelín perdido y me ayudó a salir del apuro, aún estaría dando vueltas.

Por fin en el nuevo hotel (Sakura Ryokan). Estoy reventado de tanto viaje y tanta gente. He quedado con Chizuru (la guía japonesa) para ir mañana a una excursión a una ciudad cerca de Tokyo. Me iré prontico a la cama a descansar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario