22 de noviembre de 2009

Día 07. Hiroshima y Miyajima.

Nuevo día en Japón. Creo que aún no me hago a la idea de que estoy allí. Es como si no me lo terminara de creer.

Me levanto prontico. En Japón, levantarse tarde significa perder casi el día entero. Y yendo de turismo, y con lo que ha costado el viaje, no me lo puedo permitir. A las 7:30 estoy saliendo del nicho. La verdad es que en la cápsula se ha dormido bastante bien. Después de desayunar, y como el tren hacia Hiroshima sale a las 10.:30, doy una vuelta por Dotombori, la zona tan animada de la noche anterior. Más concretamente por la calle Shin Shai Basi Dori, llena de comercios. Pero es muy pronto todavía, y no hay mas que trabajadores encargando mercancías, y todas las tiendas cerradas.

Llego a Hiroshima a las 12, tampoco hay prisa porque no voy a recorrer toda la ciudad, únicamente la zona conmemorativa de la bomba atómica, con un par de horas creo que tendré bastante.

Hiroshima.

A las 8:15 horas del 06/08/1945, la ciudad de Hiroshima fue víctima del primer bombardeo atómico del mundo. Casi toda la ciudad quedó arrasada, y se perdieon miles de vidas. Muchas de las personas que lograron sobrevivir sufrieron daños físicos y psicológicos irreparables. Si queréis saber un poquito más acerca de Hiroshima y el por qué de los bombardeos, seguid el enlace, es muy interesante. Te hace pensar acerca de lo retorcida y malvada que puede llegar a ser la raza humana.

En Hiroshima se encuentra el Museo Conmemorativo de la Paz, donde se reúnen las pertenencias dejadas por las familias de las víctimas, fotos y otros objetos que reflejan el horror del bombardeo. Visitarlo es transportarse en el tiempo, y es absolutamente sobrecogedor. Yo tuve la oportunidad de visitar el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, el mayor centro de exterminio de la historia del nazismo, y la verdad es que no me afectó tanto como Hiroshima. En su interior se encuentra esta maqueta de la ciudad, donde se muestra cómo era antes y después de la tragedia.


Maqueta de la ciudad antes de la explosión.


Y después.

En el Parque Conmemorativo de la Paz se encuentra la Bomb Dome, o Cúpula de la Bomba Atómica, una de las pocas estructuras que permanecieron en pie tras la explosión, y que sirve como imagen de la ciudad.


Cúpula de la Bomba Atómica.



También, a parte de otros monumentos conmemorativos, se encuentra la "Llama de laPaz", una llama que siempre se encuentra encendida, y que sólo se apagará cuando la última bomba atómica de la Tierra sea destruida.


Ahí en medio del agua se encuentra la llama.

La verdad es que Hiroshima se ha convertido en una ciudad totalmente reconstruída y moderna, donde el ambiente que se respira hoy en día no refleja el dolor vivido por esas familias en el pasado.

Tras esta sobrecogedora mañana, pongo rumbo en ferry hacia la de Miyajima.


Miyajima. (Isla sagrada).

Se trata de una isla que se encuentra a 50 km de Hiroshima, conocida por su célebre torii roja, su exhuberante naturaleza, y sus ciervos sagrados enviados por los dioses. La torii se encuentra cerca del mar, y cuando sube la marea, queda totalmente rodada por el agua, pareciendo flotar y creando un efecto mágico.
El pueblo en sí es bastante pequeño, donde abunda los hoteles, los restaurantes y las tiendas de souvenirs.


Camino de la isla en ferry.


Ya se divisa la famosa torii de Miyajima, flotando en el mar.




Camino hacia la torii.


Antes de la puesta del sol, con marea baja, puedes acercarte hasta la misma torii.


Gigantesca. Mirad las personas a su lado, parecen hormiguitas.


Interior del recinto de un templo en la isla, con la torii al fondo.


He vuelto de Japón purificadísimo, oiga.

Después de pasear un poco por el pueblo, descansar en la habitación del ryokan, y dar una vuelta por las tiendas, es hora de ir acercándose nuevamente a la torii. Está anocheciendo, y el entorno ofrece ahora un espectáculo impresionante.


Ciervo sagrado custodiando el acceso a la torii.


El camino sembrado de farolillos que lo iluminan.


Las fotos no reflejan la belleza del lugar.



Tras un largo paseo por la isla empapándome de la paz que desprende la isla, y a pesar de no ser demasiado tarde, a las 19 voy hacia el ryokan. Lástima que está todo cerrado, ni siquiera hay restaurantes o bares abiertos en los que poder cenar algo. Así que, con la tripa algo vacía, me acuesto hasta la mañana siguiente.

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